Nuestro propósito en la vida


Está en la naturaleza humana el buscar un sentido a las cosas, y a veces encontramos ese sentido en la religión, en nuestro trabajo o en nosotros mismos. De pequeño pensaba que la vida era más que solo nacer, crecer, reproducir y morir. Pensaba que había un llamado hacia mi persona, y que estaba destinado a cumplir un propósito…¿pero cuál propósito?. Por más que buscaba por alguna respuesta no la encontré. Mi padre me decía que nuestro propósito en la vida es ser felices, y yo no lo escuchaba ya que ¿cómo puede ser que venimos a este mundo SOLAMENTE para ser felices?, eso no puede ser, debe de haber algo más (pensaba yo), algo más grande. Algo como dejarle a la humanidad un legado para ser recordado hasta el fin de los tiempos, o quizás ganar suficiente dinero para ser alguien en la vida, o poner una empresa y que sea un éxito de la noche a la mañana para ser una celebridad y ser admirado. Así que me emprendí mi camino para cumplir una meta extraordinaria. Leería los libros que fuesen necesarios, trabajaría el tiempo que fuese necesario y haría los sacrificios que fuesen necesarios para conseguir mi objetivo. Así que decidí no perder el tiempo y enfocarme a SER ALGUIEN EN LA VIDA.

Como consecuencia de eso me convertí en un joven solitario, pasaba mucho tiempo con los libros. No me gustaba platicar, ya que pensaba que perdía mucho tiempo en conversaciones “cotidianas” que no llevan a ningún lado, y hacía sólo cosas que sentía que me ayudarían en mi camino. Sin embargo, en algún punto del camino quise imaginar cómo sería mi vida una vez que alcanzara mis objetivos, y en vez de encontrar una vida de felicidad y regocijo encontré una vida vacía y carente de propósito. Había establecido metas que una vez que se cumplieran, no tendría otra cosa que le diera sentido a mi vida, ya que estaba dedicándole todo mi tiempo a conseguir esos objetivos. En ese momento mi mundo se desmoronó, me encontraba de nuevo donde empecé: tratando de encontrar mi propósito en la vida.

Fue un periodo de observación y razonamiento, veía como mis compañeros y otras personas eran felices y encontraban felicidad en pequeños logros y pequeñas cosas. Pensaba que no tenían aspiraciones; ignoraba lo mucho que ellos sabían de la vida y lo poco que yo entendía. Me imaginé cómo me sentiría el día de mi muerte, tratando de averiguar qué me haría sentir que había aprovechado mi vida, y es que todos nos vamos a morir algún día. Honestamente no estaba tan consciente de ello, quizás porque pensaba que habría vida después de la muerte, dándole un sentido de continuación más que de final . ¿Pero qué pasaría si no hubiera una continuación? si solo tienes un tiempo determinado para hacer todo lo que se te ocurra: enamorarte, viajar, tener éxito, emprender, tener una familia, experimentar, fracasar y llorar; y que después de ese tiempo ya no hay más. El simple hecho de pensar en eso me llenó de energía y de miedo, miedo de tener la vida de frente y no saber qué hacer con ella, miedo de no vivir plenamente, miedo de morir vacío.

Lo cierto es que al morir, no me importaría si le dejé un legado a la humanidad, o si ayudé a salvar el medio ambiente, o si hice una fortuna. Lo único que me importaría es el haber pasado mi tiempo con las personas que quería, y el haber afectado de manera positiva en la vida de otros. Y es que toda idea de grandeza y propósito se desvaneció al encontrarse frente a la inevitabilidad de la muerte.

En ese momento me di cuenta de todas las cosas que no estaba apreciando, de las personas que perdí por perseguir un propósito inexistente y vacío. No necesitaba llegar a un determinado punto en la vida para ser feliz y encontrar estabilidad, puedo ser feliz hoy, solo que no lo veía en ese entonces.

Ahora valoro más una conversación y una buena amistad que un título universitario. Quizás sonará muy estúpido, sin embargo el título es un papel, y la amistad, bueno, me hace sentir vivo. Trato de enfocarme en pequeñas metas y en regocijarme al cumplirlas; sigo teniendo metas grandes, sin embargo no les doy tanta importancia ya que si hoy fuera mi último día, no me gustaría partir sintiendo que dejé metas sin cumplir y sueños sin alcanzar. Prefiero irme en paz, con el gozo que me causó el darle un beso a mamá y decirle cuánto la amo. Encuentro felicidad en pequeñas cosas como un abrazo y una buena taza de té, no necesitas cosas lujosas para ser feliz.

Cuánta razón tiene mi papá, nuestro propósito en la vida es ser felices.
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